miércoles, 2 de marzo de 2011

Oscars 2010, el enredo de Fincher



Suponemos a veces que nos deben más de lo que merecemos, que quizá la sociedad se olvide demasiado pronto de lo que hemos realizado con anterioridad y solo cuente el instante en el que vivimos, pensando que este mundo que corre y tritura las noticias vorazmente no tiene memoria.

Cuando en la madrugada del domingo al lunes la pareja formada por Kathryn Bigalow (The Hurt Locker -2009-) y Hilary Swank (Boys Don´t Cry -1999-, Million Dollar Baby -2004-) abrieron el sobre que contenía el premio a la mejor dirección y pronunciaron el nombre de Tom Hooper (The King´s Speech -2010-), muchos se llevaron las manos a la cabeza al ver que otra vez el estadounidense David Fincher (Se7en -1995-, Fight Club -1999-) se quedaba a las puertas de recibir el Oscar a la mejor dirección, dado que así pasó en el año 2008 con El curioso caso de Benjamin Button ( The Curious Case of Benjamin Button -2008-), y recordaban las otras tantas direcciones del mismo que bien podrían haber merecido otra nominación, como Zodiac (-2007-) o Seven.

Cierto es que la trayectoria hasta ahora del director americano ha sido notable, pero no por ello, como algunos seguidores dicen, la academia deba premiarlo por cualquier,  sin señalar a La Red Social (The Social Network -2010-) como tal, película que realice; y mucho menos se debe caer en conjeturas erróneas vinculadas al victimismo y al ensañamiento por parte las personas que votan cada ejercicio, menospreciando y criticando sin reparo la labor de Hooper, que con menos medios y presupuesto ha conseguido dirigir de forma cercana y sincera su obra, a pesar de no tener un pasado como el primero.

 En ocasiones olvidamos que este tipo de ceremonias premian al mejor del año, donde se supone que no tiene cabida ningún tipo de valor añadido en forma de recuerdos, y en el pasado 2010 el trabajo desempeñado por Fincher fue correcto, igualado e incluso sobrepasado por Hooper, los hermanos Coen (True Grit -2010-) o el que podía haber sido el tapado, Aronofsky (Black Swan -2010-).

 En cualquier caso, es tan probable que en próximas ediciones veamos a este último subir a recoger la estatuilla dorada como evidente que a David Fincher acabarán entregándole, aunque sea en una película menor como ya hicieron con Scorsese con Infiltrados (The Departed -2006-), el Oscar que la propia academia se ha encargado de deberle.

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