miércoles, 23 de marzo de 2011

Ciudadano Kane, el séptimo arte






SINOPSIS

        Ante el reciente fallecimiento en su gran mansión del multimillonario Charles Foster Kane (Orson Welles), un peridodista comienza una investigación reuniendo información mediante personas que vivieron y trabajaron con él sobre el significado de la última palabra pronunciada: Rosebud

 
CRÍTICA

        De lo que vemos, no todo existe desde siempre. Acostumbrados como estamos al cine contemporáneo en alta definición, pantalla plana con Led incorporado, un equipo Dolby Surround que incremente un poco más nuestra atención o una mirada en 3D que nos de otra alternativa, se presenta difícil que a un espectador le pueda interesar observar como se produjo en cierta película de primeros del siglo pasado una innovación en la dirección o establecer las directrices de un género cinematográfico a repetir en décadas posteriores.
        
        Orson Welles, autor absoluto de la película, desarrolló este proyecto a la edad de 26 años enseñando una insultante capacidad para fijar conceptos, acaparando cada detalle, responsable de gran parte de los apartados del mismo, ya que fue escrito, dirigido, producido y protagonizado por él mismo, hecho que desembocó en nominación a ocho categorías en los Oscars del año 1941, a pesar de que sólo fue galardonado con el de mejor guión original, a la postre único premio de la academia que conseguiría en toda su carrera. Ciudadano Kane (Citizen Kane -1941-) cuenta la historia del magnate de las finanzas Charles Foster Kane (Orson Welles), desde temprana edad hasta su fallecimiento, como si del libro de García Márquez se tratara, el inicio nos presenta la extraña muerte del mismo, y con tal secuencia arranca (y finaliza) la película, aprovechando la información que nos proporcionan los flashbacks las personas entrevistadas por el periodista. De esta forma, Welles rompe magistralmente el ritmo cronológico de la narración, provocando en el espectador un insólito ejercicio de comprensión del puzzle temporal que nos presenta.

        A través de un novedoso y manejo de los planos, todos ellos absorbidos por el cine como propios, como el picado y el contrapicado, el director nos enseña exactamente lo que quiere, sugiriendo ser la única persona que conoce cada resquicio de la historia, jugando con la luz de un modo nunca visto anteriormente para acecharnos aún más con el suspense que nos atrapa.

        De seguir leyendo, caeréis en conocer el enigma principal de la película, el gancho que nos fija en el asiento para seguir interesados, aunque no por ello deje de merecer la pena visionar este clásico. La palabra que origina la expectación del periodista (Rosebud), y por ende, la nuestra, es la última que pronuncia Kane antes de expirar, cuyo significado tratará de averiguar a medida que avance la historia, como hemos dicho anteriormente. Tantas han sido las suposiciones a lo largo de los años, todas libres de acierto, del sentido de la palabra, que ni mucho menos la siguiente debe ser la primaria, en el juego de Welles cabe toda imaginación. En la penúltima secuencia, antes del final que inaugura el relato, podemos observar como los empleados recogen los trastos en la mansión de Kane, deshaciéndose de objetos inútiles donde algunos son arrojados al fuego de la chimenea. Entre ellos arde el trineo propiedad del mismo, con el que jugaba de niño en su humilde casa antes de ser adoptado por unos padres adinerados, hecho que sería trascendental en su agitada vida. Hijo de ricos, dueño de una red prestigiosa de periódicos y diversas empresas de distinto sector empresarial como emisoras o sindicatos, constructor de un teatro hecho a semejanza de su segunda esposa, megalómano sin remedio, el pensamiento del abatido multimillonario viene a reflejar un mensaje sobre la infancia perdida, lo que realmente importa ante lo material.

        Existen tantas razones que hacen merecer la visión de esta obra, que dejan en segundo plano una posible comparación subconsciente con un largometraje actual; no disponen semejantes medios para su realización, ni mucho menos de unos cimientos como herencia para desarrollar un film. En Ciudadano Kane, de lo que vemos, no todo existe desde siempre.








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