Buenas noticias, la finalización del nuevo proyecto europeo de Woody Allen parece que se va acercando, en esta semana ha sido publicado lo que será el cartel de la película, original combinación del cuadro de Van Gogh con edificios reales (aunque a mí me sobra Owen Wilson (Armageddon-1998-, Zoolander -2003-), y su fecha de estreno en España, provisionalmente para el 13 de mayo, así que no habrá pasado un año desde que aterrizara su última obra, Conocerás al hombre de tus sueños (You will meet a tall dark stranger-2010-).
Para Medianoche en París (Midnight in Paris) el director neoyorquino ha reunido como habitúa un prestigioso elenco, junto a Wilson habrán actores de la talla de Adrien Brody (El pianista -2002-), Kathy Bates (Titanic -1997-), Marion Cotillard (La vida en rosa -2007-), Rachel McAdams (Sherlock Holmes -2009-), Michael Sheen (Tron: Legacy -2010-) o Carla Bruni, la esposa del presidente francés. Veremos.
Danny (Adam Sandler) es un reconocido cirujano plástico que conquista a mujeres mediante trucos o engaños sobre su estado matrimonial, y cuando conoce a la chica que cree que es la mujer de sus sueños (Brooklyn Decker) no dudará en pedir a su empleada (Jennifer Aniston) que le ayude fingiendo ser su esposa y madre de unos hijos muy especiales para demostrar a su nuevo objetivo que no miente.
CRÍTICA
Una nueva comedia romántica se estrenó hace varias semanas en nuestras carteleras, representada por dos actores que no fallan en su cita anual con este tipo de películas, por más que hayan intentado meter la cabeza en otro estilo de interpretación (si se le puede llamar a lo que hizo Adam Sandler en Click -2006-, infinítamente alejado del serio papel de Aniston en Derailed -2005-) siempre acaban volviendo a lo mismo, uno por ser un icono de la comedia y la otra por la dificultad que conlleva para los actores de series de éxito adaptar su carrera a la gran pantalla con cierta consecuencia. Bueno, contamos con ellos para pasar despreocupados un rato ameno, se supone, expectativas a un lado, ante semejantes especialistas en la materia.
Decir que Sigueme el rollo (Just go with it -2011-) es una de las comedias románticas más entretenidas en algún tiempo no hace sino indicar el nivel al que hemos llegado a conformarnos, donde ya casi ni vemos donde se situaba el listón en el que partíamos con este género. Planteando una situación nunca vista antes, chico ligón (Adam Sandler) trabaja con chica madura (Jennifer Aniston) y este necesita de su ayuda para (desde el primer segundo queda claro cual será el final de ambos) aparentar un futuro divorcio y así poder conseguir una rubia explosiva. Ni que decir tiene lo creíble que resulta esta desembocadura de situaciones que afrontarán, ya que se hubiera solucionado antes del minuto 20 con el protagonista explicándole la verdad a su nueva víctima (Brooklyn Decker), aunque con esta declaración hubiéramos disfrutado de un cortometraje insulso.
Lo que parece pintar bien ante circunstancias disparatadas con los hijos (sin duda, lo mejor, encarnados por Bailee Madison y Griffin Gluck) de Katherine, su empleada, enfrascados en hablar con acento cubano o actuando como un mafioso, acaba truncándose gracias a que el guión poco a poco va convirtiendo la película en otra floja comedia romántica más, repitiendo excesívamente los momentos acertados y tirando de tópicos más que esperados. Para el personaje excéntrico cuentan con Nicole Kidman (incluida una escena vestida con ropa de hawaiana que recuerda a otra de Moulin Rouge), algo que no consigue el resultado que espero querían lograr; ver a un famoso cometiendo extravagancias no tiene por qué ser sinónimo de mayores risas entre el público que si lo hubiera hecho otro actor que no desvirtúe al espectador (véase Dustin Hoffman y Barbra Streisand en Los padres de él (Meet the fockers -2004-), sigo sin entender la finalidad de sus actuaciones).
Dadas las circunstancias, el hueco que ocupa esta película no puede ser otro que el que merecen sus creadores, un ejemplo de algo que tiene un aprobado pero que dista mucho de las mejores comedias románticas, si bien en varios instantes nos arranca una sonrisa espontánea, queda la incógnita de lo que pudo ser y no fue.
Ante el reciente fallecimiento en su gran mansión del multimillonario Charles Foster Kane (Orson Welles), un peridodista comienza una investigación reuniendo información mediante personas que vivieron y trabajaron con él sobre el significado de la última palabra pronunciada: Rosebud.
CRÍTICA
De lo que vemos, no todo existe desde siempre. Acostumbrados como estamos al cine contemporáneo en alta definición, pantalla plana con Led incorporado, un equipo Dolby Surround que incremente un poco más nuestra atención o una mirada en 3D que nos de otra alternativa, se presenta difícil que a un espectador le pueda interesar observar como se produjo en cierta película de primeros del siglo pasado una innovación en la dirección o establecer las directrices de un género cinematográfico a repetir en décadas posteriores.
Orson Welles, autor absoluto de la película, desarrolló este proyecto a la edad de 26 años enseñando una insultante capacidad para fijar conceptos, acaparando cada detalle, responsable de gran parte de los apartados del mismo, ya que fue escrito, dirigido, producido y protagonizado por él mismo, hecho que desembocó en nominación a ocho categorías en los Oscars del año 1941, a pesar de que sólo fue galardonado con el de mejor guión original, a la postre único premio de la academia que conseguiría en toda su carrera. Ciudadano Kane (Citizen Kane -1941-) cuenta la historia del magnate de las finanzas Charles Foster Kane (Orson Welles), desde temprana edad hasta su fallecimiento, como si del libro de García Márquez se tratara, el inicio nos presenta la extraña muerte del mismo, y con tal secuencia arranca (y finaliza) la película, aprovechando la información que nos proporcionan los flashbacks las personas entrevistadas por el periodista. De esta forma, Welles rompe magistralmente el ritmo cronológico de la narración, provocando en el espectador un insólito ejercicio de comprensión del puzzle temporal que nos presenta.
A través de un novedoso y manejo de los planos, todos ellos absorbidos por el cine como propios, como el picado y el contrapicado, el director nos enseña exactamente lo que quiere, sugiriendo ser la única persona que conoce cada resquicio de la historia, jugando con la luz de un modo nunca visto anteriormente para acecharnos aún más con el suspense que nos atrapa.
De seguir leyendo, caeréis en conocer el enigma principal de la película, el gancho que nos fija en el asiento para seguir interesados, aunque no por ello deje de merecer la pena visionar este clásico. La palabra que origina la expectación del periodista (Rosebud), y por ende, la nuestra, es la última que pronuncia Kane antes de expirar, cuyo significado tratará de averiguar a medida que avance la historia, como hemos dicho anteriormente. Tantas han sido las suposiciones a lo largo de los años, todas libres de acierto, del sentido de la palabra, que ni mucho menos la siguiente debe ser la primaria, en el juego de Welles cabe toda imaginación. En la penúltima secuencia, antes del final que inaugura el relato, podemos observar como los empleados recogen los trastos en la mansión de Kane, deshaciéndose de objetos inútiles donde algunos son arrojados al fuego de la chimenea. Entre ellos arde el trineo propiedad del mismo, con el que jugaba de niño en su humilde casa antes de ser adoptado por unos padres adinerados, hecho que sería trascendental en su agitada vida. Hijo de ricos, dueño de una red prestigiosa de periódicos y diversas empresas de distinto sector empresarial como emisoras o sindicatos, constructor de un teatro hecho a semejanza de su segunda esposa, megalómano sin remedio, el pensamiento del abatido multimillonario viene a reflejar un mensaje sobre la infancia perdida, lo que realmente importa ante lo material.
Existen tantas razones que hacen merecer la visión de esta obra, que dejan en segundo plano una posible comparación subconsciente con un largometraje actual; no disponen semejantes medios para su realización, ni mucho menos de unos cimientos como herencia para desarrollar un film. En Ciudadano Kane, de lo que vemos, no todo existe desde siempre.
Tras la confirmación por parte de su representante, es oficial la defunción de uno de los pocos mitos vivientes del cine clásico que perduran hoy en día, después de aguantar los últimos meses en el hospital Cedars-Sinai Medical Center, una insuficiencia cardio respiratoria ha disipado la luz de un símbolo del séptimo arte.
Poco hay que decir sobre la trayectoria de una actriz cuya fuerza inundaba cada película en la que aparecía, con numerosas nominaciones a la categoría de mejor actriz en los premios de la academia estadounidense (ganadora en los años 1960 y 1966 por Una mujer marcada y ¿Quién teme a Virginia Wolf?, respectivamente) y protagonista de largometrajes que quedan en la memoria colectiva de todos nosotros, como La gata sobre el tejado de zinc (-1958-), con Paul Newman de compañero, o su participación en la película por entonces más costosa de la historia, Cleopatra (-1963-).
Nos conformaremos con una herencia de actuaciones históricas, que no es poco, y con que las estrellas de toda la vida, como Elizabeth Taylor, nunca se apagan.
Suponemos a veces que nos deben más de lo que merecemos, que quizá la sociedad se olvide demasiado pronto de lo que hemos realizado con anterioridad y solo cuente el instante en el que vivimos, pensando que este mundo que corre y tritura las noticias vorazmente no tiene memoria.
Cuando en la madrugada del domingo al lunes la pareja formada por Kathryn Bigalow (The Hurt Locker -2009-) y Hilary Swank (Boys Don´t Cry -1999-,Million Dollar Baby -2004-) abrieron el sobre que contenía el premio a la mejor dirección y pronunciaron el nombre de Tom Hooper (The King´s Speech -2010-), muchos se llevaron las manos a la cabeza al ver que otra vez el estadounidense David Fincher (Se7en -1995-, Fight Club -1999-) se quedaba a las puertas de recibir el Oscar a la mejor dirección, dado que así pasó en el año 2008 con El curioso caso de Benjamin Button ( The Curious Case of Benjamin Button -2008-), y recordaban las otras tantas direcciones del mismo que bien podrían haber merecido otra nominación, como Zodiac (-2007-) o Seven.
Cierto es que la trayectoria hasta ahora del director americano ha sido notable, pero no por ello, como algunos seguidores dicen, la academia deba premiarlo por cualquier, sin señalar a La Red Social (The Social Network -2010-) como tal, película que realice; y mucho menos se debe caer en conjeturas erróneas vinculadas al victimismo y al ensañamiento por parte las personas que votan cada ejercicio, menospreciando y criticando sin reparo la labor de Hooper, que con menos medios y presupuesto ha conseguido dirigir de forma cercana y sincera su obra, a pesar de no tener un pasado como el primero.
En ocasiones olvidamos que este tipo de ceremonias premian al mejor del año, donde se supone que no tiene cabida ningún tipo de valor añadido en forma de recuerdos, y en el pasado 2010 el trabajo desempeñado por Fincher fue correcto, igualado e incluso sobrepasado por Hooper, los hermanos Coen (True Grit -2010-) o el que podía haber sido el tapado, Aronofsky (Black Swan -2010-).
En cualquier caso, es tan probable que en próximas ediciones veamos a este último subir a recoger la estatuilla dorada como evidente que a David Fincher acabarán entregándole, aunque sea en una película menor como ya hicieron con Scorsese con Infiltrados (The Departed -2006-), el Oscar que la propia academia se ha encargado de deberle.
Pasados varios días de la ceremonia anual más importante del cine, contemplo desde una perspectiva más objetivaque fue la gala mas aburrida desde que recuerdo, rodeada de unos clichés noventeros (presentador vestido de mujer y conjunto de niños cantando al final de la misma incluidos) rozando sin pudor lo ñoño. Todo parece indicar que este cambio hacia lo soporífero viene influenciado por la polémica actuación del cómico y presentador de la gala de los Golden Globe 2010, Ricky Gervais, con el que todos los organizadores y artistas (al contrario que muchos espectadores) acabaron enemistados y enfurecidos tras su monólogo de apertura.
Ni tanto ni tan poco, dirán muchos aún sorprendidos ante la falta de interés de James Franco, que tuvo durante toda la ceremonia una actitud de desgana y estuvo más pendiente de subir a su cuenta de Twitter numerosos comentarios y fotos del transcurso de la gala, dejando todo el peso sobre los hombros de su compañera (Anne Hathaway).
En cualquier caso, me quedaré con que esta manera tradicional no era sino un mensaje entre líneas sobre la película que triunfaría esa noche.
Mejor película: El discurso del rey
Mejor dirección: Tom Hooper (El discurso del rey)
Mejor actor: Colin Firth (El discurso del rey)
Mejor actriz: Natalie Portman (Cisne negro)
Mejor actor de reparto: Christian Bale (The fighter)
Mejor actriz de reparto: Melissa Leo (The Fighter)
Mejor guión original: David Seidler (El discurso del rey)
Mejor guión adaptado: Aaron Sorkin (La red social)
Mejor película de animación: Toy Story 3
Mejor dirección artística: Alicia en el país de las maravillas
Mejor fotografía: Wally Pfister (Origen)
Mejor diseño vestuario: Colleen Atwood (Alicia en el país de las maravillas)
Mejor documental: Inside Job, de Charles Ferguson y Audrey Marrs
Mejor cortometraje documental: Strangers no more, de Karen Goodman y Kirk Simon
Mejor montaje: Angus Wall y Kirk Baxter (La red social)
Mejor película de habla no inglesa: In a better world (Dinamarca)
Mejor maquillaje: El hombre lobo
Mejor música original: Trent Reznor y Atticus Ross (La red social)
Mejor canción: We belong together de Toy Story 3
Mejor cortometraje de animación: The lost thing, de Shaun Tan y Andrew Ruhemann
Mejor cortometraje de ficción: God of love, de Luke Matheny
Mejor sonido: Origen
Mejor Mejor montaje de sonido: Origen
Mejores efectos especiales: Origen
En el vídeo siguiente podéis ver la apertura de la última gala de los Golden Globe, donde el humorista que comentamos antes no deja títere con cabeza.
Antes de nada, agradeceros vuestra participación en esta primera encuesta que planteamos hace dos semanas, que con la excusa de la inminente ceremonia de los Oscars, planteábamos elegir qué película os había parecido la mejor de 2.010.
Según vuestros votos, compartirían el primer puesto con un 33% del total, la película de Darren AronofskyCisne Negro (Black Swan -2010-) y El discurso del rey (The King´s Speech -2010-), curioso dato ya que la primera parece haber calado hondo entre el público aunque no tanto entre la academia como la película de Tom Hooper.
Seguida de las dos magníficas películas antes comentadas aparece con un 22% Origen (Inception -2010-), confirmando así que para muchos ha sido una de las películas del año y la gran olvidada en la pasada ceremonia, como por ejemplo su ausencia (la de su director concretamente) a mejor dirección.
Por último, obteniendo un 11% del conjunto de vuestra elección y como si fuera una premonición de lo que sucedería, La red social (The Social Network -2010-) finaliza la lista de las mejores películas del año 2010.