Estando como estamos en fechas veraniegas, me he dicho que por qué no poneros más deberes. Estoy seguro de que un click añadido no os será de mucho esfuerzo. Así pues, y hermanándolo con la encuesta que actualmente está en plazo en la que se os pregunta qué película de Disney os parece la mejor, os propongo un nuevo sondeo para elegir qué canción Disney ha sido para vosotros la más emotiva y pegadiza.
En definitiva, la que más os ha gustado de toda la factoría animada. El tiempo para votar es el mismo que para la otra encuesta operativa, así que daros prisa en pensar qué momento mágico os ha envuelto más.
Para facilitaros un poco la labor, os dejo los links de las canciones que pueden ser elegidas.
Hubo una época, no hace tanto de ello, en la que cada estreno de la factoría Disney iba acompañado de un sinfín de sonrisas infantiles, ávidos de que sus padres les acompañasen al cine a ver un nuevo cuento tradicional adaptado al cine de animación. Eran dibujos animados, conseguidos a la antigua usanza, es decir, cada imagen era dibujada a mano y gracias a una correlación de muchas se generaba movimiento (ya lo hablamos en el post sobre el montaje cinematográfico, solo que nos referíamos a fotografías), técnica que se fue depurando hasta lograr unas películas de una calidad realmente excelente. Dichos dibujos, obsoletos con la llegada de los programas de diseño informáticos, se erigieron como el buque insignia de Disney, que no escatimaba en comprar nuevos derechos de clásicos paradeleite del público. Las cosas del tiempo y del destino, Disney adquirió Pixar (si no puedes con tu enemigo, únete a él) y juntas siguen construyendo películas extraordinarias, cada vez más complejas y más adultas, en la mayoría de los casos desde un guión novedoso y no partiendo de un cuento público.
De aquella Disneypre-informatizada queda poco en sus nuevas películas, por eso me pareció interesante dedicarle ésta nueva encuesta que acompaña agosto, excluyendo entonces a partir de la llegada de Pixar a la compañía del mítico Walt Disney. La selección puede ser algo parcial, como siempre en todas las encuestas, aunque he de decir que para mí las imprescindibles para todos sí que están. No obstante, podéis votar en “otros” y dejar algún comentario si creéis que vuestra película favorita no aparece en el listado.
Espero como siempre vuestra participación, para no decepcionar a Bella, Simba, Ariel y demás compañeros tenéis de plazo hasta el día 15 de agosto. Gracias a todos.
Hace semanas ya del estreno en España del DVD del reciente ganador del Oscar al mejor documental en la última edición ofrecida en el teatro Kodak de Los Ángeles, y observo que ha realizado menos revuelo del que preveía, o seguramente del que quería que se produjese. Intentando no hacer caso a la parte de mí más visceral que piensa en conspiraciones gubernamentales, temerosas de una nueva inyección de razones para protestar en las calles, procuro quedarme con la ingrata idea de que éste magnífico documental no llegara a proyectarse más que en un par de cines a lo largo de el país. El éxito que hubiera tenido habría sido mucho mayor con una buena promoción en tiempos de premios, allá por febrero de este mismo año, se hubiera globalizado mucho más el reconocimiento a ésta cinta. Confiaremos en el boca a boca, y sobre todo en Internet.
Dicha la palabra, por qué no seguir con ella. Globalización es un término que nada tenía que ver son nuestros abuelos, es algo con lo que ya nos hemos familiarizado pero no significa que todavía sepamos manejar. Que duda cabe que todos sabemos su efecto-consecuencia, no os voy a revelar nada que no sepáis: que no es tan simple como que un niño esté abriendo a la vez un Happy Meal delMc Donald´s en un barrio marginal de El Cairo o de Playa del Carmen; existen otro tipo de connotaciones sociales, políticas, culturales, y cómo no, económicas.
El documental comienza sugiriendo lo global. Islandia, un país que a priori poco tiene que ver con EE.UU. o nuestras ciudades, sufre a mediados de la década de los 2000 una burbuja financiera provocada por un endeudamiento desmesurado de sus bancos, calificados corruptamente por unas agencias calificadores con la triple A (la mejor nota posible y que da mas fiabilidad a los futuros clientes), entregados a la compra de productos bursátiles basura que tenían fecha de caducidad programada, para el propio negocio de solo unos cuantos.
Es acertado que el documental comience fuera del entorno norteamericano, para desenfocar la mirada de Wall Street y observar que lo ocurrido, a pesar de su procedencia, ha sido terriblemente similar en cada país occidental.
Dividido en partes bien diferenciadas, y ayudados por un Matt Damon que hace de narrador, los directores nos ponen en antecedentes, qué hizo que cambiara el rumbo a la desregularización de la economía estadounidense, señalan con documentación gráfica numerosos datos, cuales fueron las circunstancias que dieron a esta crisis, sus consecuencias o en qué situación nos encontramos actualmente. Además, en el lado opuesto al estilo del popular provocador documentalista Michael Moore (Bowling por Columbine, Fahrenheit 9/11), que tanto azotó la etapa Bush Jr y la sección conservadora norteamericana, se decantan por no aparecer en ningún momento delante de la cámara, dejando toda nuestra atención a los datos que nos van relatando con ilustraciones y más aún a los entrevistados, parte fundamental en este documental, que en la mayoría de casos quedan retratados de una manera casi absurda, por su total falta de criterio y humanidad. Considero loable la labor periodística que han realizado a la hora de entrevistar a personajes como altos cargos que aún siguen en el equipo Obama o consejeros financieros (actualmente ejerciendo la enseñanza en universidades norteamericanas con renombre), para conseguir tales declaraciones generadoras de impotencia y sobre todo, de vergüenza ajena.
Y es que el único aviso que encuentro oportuno decir a alguien antes de ver esta cinta es la sensación que deja tras su visionado. Lo que se pudo evitar y no se evitó, las consecuencias titánicas y desgarros que sufrió el planeta, el origen y los precursores de la crisis connombres, apellidos y declaraciones, bochornosas eso sí. Hablaba de la sensación, si. De la sensación de pequeñez, de incredulidad. Del sinsentido que tiene que porque un puñado de personas decidan estafar a millones bajo el nombre de una multinacional, no tengan por qué asumir responsabilidades civiles o penales, y continúen beneficiándose con indemnizaciones de cientos de millones de dólares gracias al rescate del estado pertinente, que al fin de al cabo son el resto de ciudadanos, lo que hace que nos roben en primer lugar el dinero privado y particular, y en segundo lugar nuestro dinero público y común. Lo inevitable de lo global, diremos.