jueves, 28 de abril de 2011

El montaje cinematográfico, una ilusión óptica

        




        Existen algunos procesos en la creación de una película que son desconocidos para una parte del público, y para otra todavía permanece un concepto mal definido de lo que representa dentro del mundo cinematográfico. La sensación que sostiene el espectador al ver una película es de fluidez, como si de una novela de Auster se tratase o la melodía de una canción que escuchamos por primera vez, parece que todo está ensamblado por arte de magia y que ha existido siempre tal y como lo ven nuestros ojos. Es la magia del cine, una ilusión onírica que es capaz de hipnotizarnos convirtiendo la mentira en una verdad sensible. Al sentarnos en la butaca de una sala de cine, lo que vemos delante, sucesión de fotogramas que generan a su vez planos y escenas, se muestran con una sencillez y limpieza que ayuda a que exista un ritmo formal en la cinta. Nada queda a la improvisación, todo plano es rodado con una finalidad, con la intención de generar algún tipo de idea, emoción o reflexión en el espectador.

        Desde el comienzo hace ya más de un siglo de cine, sin introducirnos mucho en sus orígenes ya que no es el objetivo del post, se ha utilizado el montaje, ya que siempre ha sido necesario disponer de un sistema en el que se organizaran de forma activa los fotogramas filmados.

        A comienzos del siglo pasado, decía, cada vez se hacía más difícil intentar contar historias sin un montaje posterior al rodaje. Directores visionarios como el estadounidense Griffith (El nacimiento de una nación -1915-, Intolerancia -1916-), considerado como el creador del actual modelo cinematógrafico, y el letón Eisentein (El acorazado Potemkin -1925-, Octubre -1928-) allanaron el camino y sirvieron de inspiración a colegas venideros. Sus intenciones eran mostrar otra forma de hacer cine. Por ejemplo, filmaban planos de diferentes situaciones espaciales en distintos momentos temporales consiguiendo a través del montaje que hubiera un orden rítmico. Ambos, se dice, crearon dos estilos de montaje, el expresivo y el ideológico, respectivamente.

        De cualquier modo, si hay un nombre en la historia del cine que tenga relación con en el ensayo en el origen del montaje, ese es el de Lev Kuleshov. El cineasta soviético fue conocido por la aportación de su trabajo; experimentó respecto a la ordenación de fotogramas (en sus películas ya habían secuencias paralelas, alternadas o flashbacks), aunque quizá su obra más recordada por el público sea el llamado "efecto Kuleshov". En él, de una manera pionera demostraba que dependiendo del tipo de montaje se podían modificar las percepciones del espectador. Ayudándose de imágenes yuxtapuestas sobre un mismo plano, el de un hombre con gesto impertérrito (el actor Mozzuchin), conseguía alterar las sensaciones para con dicho individuo que vemos en pantalla , haciendo dudar sobre qué tipo de persona observamos o qué emoción está mostrando. ¿Un hombre que siente gula, compasión o lujuria? La gran mentira del cine, ante nosotros.




        A medida que han pasado los años y el cine nos ha regalado cientos y cientos de películas, cada director ha ido aportando su granito de arena y eligiendo cual de los tipos de montaje que nacieron a lo largo del siglo pasado le era más óptimo. En un personaje como Hitchcock, cuentan que optaba por rodar miles de metros de cinta llenos de variados planos para luego tener margen en la elección del montaje. Durante estos minutos, de valor incalculable dada su sapiencia, nos describe cómo y por qué eligieron los planos en la versión definitiva de Psicosis (-1960-), e incluso realiza su propio “efecto Kuleshov” particular. Tremenda la maestría que desprende.





        En el lado contrario, otro gran director de su época, estaba John Ford (La diligencia -1939-, El hombre tranquilo -1952-) ,  que se caracterizaba por diseñar y tener una cuidada consecución de secuencias que luego valdrían para el filme acabado. Él prefería grabar pocas tomas de cada secuencia siempre que le fuera posible, tenía el montaje acabado previamente al rodaje concebido. 

        Sin hacer un gran esfuerzo de memoria, recuerdo bastantes momentos arraigados a mi década de los noventa en los que, finalizando el visionado de una película, de vez en cuando descubría la importancia que había tenido el proceso del montaje, ese que poco se nombra, que tanto se confunde y que tantas consecuencias estilísticas produce en la película. Se presupone que esta parte de la creación de la película está ubicada al final de la misma, y sus acciones básicas son cortar, borrar, pegar, unir allá y meter sonidos aquí, dejando apartado y olvidando su principal cometido, el de sugerir ideas, crear mensajes, enviar conceptos. Sin parar a pensar en la complejidad del asunto, cuando tuve la oportunidad de ver películas que, como El silencio de los corderos (-1991-), La lista de Schindler (-1993-) o Pulp Fiction (-1994-), verifican la grandeza existencia del montaje como tal, me preguntaba cómo habían podido organizar un puzzle de imágenes y sonidos de manera no cronológica y aún así conseguir un ritmo consecuente que creara expectativas en el espectador, y por supuesto en mi. 

sábado, 23 de abril de 2011

Shutter Island, cuando en el suspense no hay sorpresa

 

 
SINOPSIS


        Los agentes federales Edward Daniels (Leonardo DiCaprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) son enviados a un centro psiquiátrico, situado en una isla cuyo acceso está controlado desde el propio centro, con el fin de encontrar a una paciente desaparecida en extrañas circunstancias desde hace días. Con la dudosa colaboración de los profesionales que habitan la isla, encabezados por el jefe de psiquiatría John Cawley (Ben Kingsley, Gandhi -1982-, Oliver Twist -2005-), irán descubriendo incógnitas rodeados del ambiente enrarecido que domina el lugar.



CRÍTICA


        Para realizar un thriller psicológico y salir airado me vale con mi maestría, debió pensar el bueno de Marty antes de acometer este proyecto tan alejado de la línea a la que nos tenía acostumbrados. No es la primera vez que vemos a grandes directores explorar nuevos palos, con mejor o peor suerte, con el fin de descubrir otros modos de operar distintos o, quien sabe, demostrar al mundo ser profesionales todoterreno, capaces de convertir todo guión que cae en sus manos en una obra sublime recordada por decenios posteriores.

        Sin conocer la razón que llevó a Scorsese a interesarse por la novela homónima de Dennis Lehane, autor reconocido entre el público por su anterior trabajo, llevado al cine de la mano de Clint Eastwood en la magnífica Mistic River (-2003-), y adaptarlo a la gran pantalla, es de justicia decir que por contra del alto riesgo que existe en que un director de su talla apueste por algo diferente y salga mal parado, sin duda lo mejor del filme es la dirección y fotografía. Resulta en ocasiones manifiesto que los responsables de esta obra creyeron que por sus cualidades cinematográficas ya tendrían un gran porcentaje de una magnífica película de suspense, olvidándose de lo más importante: el guión. Y si, existen secuencias filmadas con una grandeza que solo está a la altura de unos pocos hoy en día; y no, Scorsese no patina en terrenos antes no conocidos. Ante esta obviedad, quien iba a pensar que lo que se nos pone por delante durante algo más de dos horas es una película sin fondo, cuyo guión es, siendo lo más importante, más aún en este tipo de películas, predecible y con un alma abocada a complacer los homenajes que el director desea mostrar.




        Vamos con la historia entonces, intentaré desvelar el menor número de hilos argumentales de Shutter Island, la cinta número cuarenta en la dilatada carrera del director estadounidense de origen italiano.
        El inicio del relato es desolador. El Marshall o agente federal Edward “Teddy” Daniels (Leonardo DiCaprio, The Beach -2010-, Revolutionary Road -2008-), sin saber de su procedencia aparece en una isla donde están recluidos los enfermos mentales criminales más peligrosos del país, conoce a su reciente compañero Chuch Aule (Mark Ruffalo, Zodiac -2007-, The kids are all right -2010-), con el fin de buscar a Rachel Solando, una paciente que se encuentra pérdida desde hace días fuera de la institución mental. El acceso al centro psiquiátrico entre unas medidas de seguridad inquietantes representa los mejores minutos del filme, donde reina la incertidumbre y cuando el descenso del protagonista en un incomunicado submundo infernal es verdadero. Progresivamente el agente percibirá que algo no marcha bien en el centro, dudando sobre la normalidad o no, como es lógico, que existe en este tipo de hospitales y las actuaciones de sus huéspedes. Donde comienza la locura y acaba la cordura, que es lo empírico y lo irreal, hasta un Marshall de su experiencia se encuentra intranquilo por el ambiente enrarecido en el que viven internos, médicos, policías y demás profesionales, todos con signos que generan desconfianza. Sensaciones que irán creciendo a medida que Teddy sufra alucinaciones, a modo de flashbacks que nos describan su origen, su vida familiar o sus miedos más viscerales, que no son sino pistas sobre las características del protagonista. Pasa que el espectador, a poco que haya visto algo similar dentro del género, está bastante resabiado, a estas alturas cualquiera va por delante de la película reordenando expectativas, como cuando uno lee una novela policíaca, conscientemente o no, asimilando imágenes, hilvanando detalles y adivinando lo que queda por venir. De este modo, resulta obvio hasta la extenuidad saber qué nos van a deparar los últimos minutos del film, al menos, el giro argumental principal que dispone la película, lo que no signifique que sea el definitivo, como tributo al género, tras su finalización quedará abierta más de una interpretación.  

        Hitchock, icono del género, argumentaba que hacía thrillers, no películas de misterio. Para él, crear un relevo entre el suspense y la sorpresa era fundamental para crear expectativas en el espectador. Que duda cabe que, si algo falta en Shutter Island es sorpresa, y en consecuencia queda desnuda la razón primaria de la cinta.


 

         Pero no todo es negativo en Shutter Island, Scorsese demuestra que puede filmar una película por encima de la media trabajando a medio gas, la actuación elaborada de Leonardo DiCaprio, sobre todo a medida que avanza su andadura por la fina cuerda que le sostiene a la razón, gana en credibilidad (recomiendo, como siempre, visionar la cinta en V.O.S.E.), y en muchas ocasiones la dirección de fotografía es especialmente acertada, recogiendo un ambiente pos segunda guerra mundial en el que se observan las nefastas consecuencias que marcaron al hombre que sobrevivió a aquel período. Además, he de señalar que me preocupaba antes de visionarla por el automático paralelismo que tiene con el mundo Lostiano (Lost -2004-) dado su argumento y escenografía, que por lo general  no recuerda demasiado, salvo una escena con una cueva de por medio. No diré más.


lunes, 18 de abril de 2011

Encuesta en la mente: ¿La mejor película de Star Wars?




        Como ya sabéis, pocas trilogías en la historia del cine han conseguido influir tanto a nivel social, así como los tremendos montantes económicos que aún sigue cosechando la factoría de George Lucas, cuya gallina de los huevos de oro continúa desde la década de los setenta generando beneficios a través del merchandising y derechos de autor, en el que destacan desde videojuegos para consolas a nuevas películas, como The Clone Wars (-2008-).

        Aprovechando que los rumores sobre la reedición de la saga completa de Star Wars en formato 3D, su posterior proyección en cines a partir de 2012, así como lo que podría ser una nueva trilogía que se estrenaría hayá por 2016 y que no tendría nada que ver con la estirpe Skywalker (evidentemente, si nos encontraríamos con el mismo universo creado por Lucas), toman cada vez más fuerza, parece apropiado sondear cuál de las seis películas de las que hemos podido disfrutar hasta el momento creéis que es la mejor, por lo tanto, os animo a participar hasta las 23.45 horas del 27 de abril.

PD: Personalmente me quedo con la que contiene más escenas y diálogos que puedan ser recordados entre cualquier persona que ni siquiera sea cinéfila: The Empire Strikes Back (-1980-)





      
        

lunes, 4 de abril de 2011

Festival de Málaga de Cine Español, premios y conclusiones



        Hace un par de días Málaga bajó el telón de su muestra anual cinematográfica con una gala de clausura rodeada de estrellas del celuloide nacional y de un ambiente en las calles, como en cada edición, excepcional. Gracias al entusiasmo y trabajo de muchos, este festival, por el que han pasado películas como Tapas (-2005-) de José Corbacho o Azuloscurocasinegro (-2006-) de Daniel Sánchez Arévalo (ganadoras en su año del premio a mejor película y mejor actriz, y premio al mejor guión, respectivamente), está consiguiendo tener cada vez más notoriedad a nivel nacional, situándose como un referente del cine español y apartando por unos días la crisis actual que reina, no menos en nuestra industria. 

        La decimocuarta edición del Festival de Málaga de Cine Español (FMCE) no se ha quedado atrás en cuanto a secciones, durante una semana, desde el 26 de marzo al 2 de abril, se han ofrecido exposiciones, encuentros con el público (Luis Tosar, Maribel Verdú o Santiago Segura, entre otros), masterclass (como Isaki Lacuesta o Lola Salvador), ciclos de cine en sección oficial, cosecha del año (en la que lo mejor del cine español de 2010 se volvía a emitir con precios simbólicos), Zonazine, día Sitges, etc, una programación amplia para poder elegir entre diferentes ámbitos. Todos los eventos de la agenda del festival estaban vinculados a centros asociados al mismo, como el Museo Carmen Thyssen, el Museo Picasso, Fnac Málaga, Cine Albéniz, Cine Echegaray, y por supuesto, el Teatro Cervantes, donde se han realizado, como en ediciones anteriores, las galas de inauguración y clausura y los estrenos más importantes de la sección oficial a concurso.

        Los premios del festival han sido repartidos principalmente entre la película del vasco Alberto Gorritiberea (Arriya-2011-), la gran sorpresa de la edición (cinco premios), el film de Tom Férnandez (¿Para qué sirve un oso? -2011-), una comedia ecólogica protagonizada por Gonzalo de Castro y Javier Cámara, y la gran triunfadora de este año, Cinco metros cuadrados (Max Lemcke -2011-), galardonada con la biznaga de oro a la mejor película, crítica social a la actual crisis inmobiliaria que sufre nuestro país e interpretada por Fernando Tejero (premiado también a mejor actor) y Malena Alterio, una pareja que ya demostró su compenetración en televisión.  

        En definitiva, películas de todo tipo, documentales, fotografía, conciertos y numerosos actos culturales, estos días en Málaga no se respiraba mar, en Málaga se respiraba Cine.




God of love, lanzando dardos envenenados

        ¿Que haríais si de repente se os concediera el papel de ser un cupido terrenal? ¿Os entregaríais a conquistar bajo semejantes medios de dudosa moral a la persona de vuestros sueños o por el contrario vuestra única intención sería ayudar a los demás? Esta es la situación con la que se encuentra el protagonista del cortometraje premiado con el Oscar en la categoría de ficción el pasado mes de febrero, escrito, dirigido y representado por el joven Luke Matheny.

        Raymand Goodfellow (irónico apellido) es un músico un tanto peculiar. En las actuaciones que cada noche ofrece con su grupo, no sabemos si dada la competencia que existe en este complicado mundo o para impresionar al amor de su vida y batería de su banda, Kelly, no le basta con ser un crooner y cantar una sugerente canción de Jazz, no para él. A pesar de que Ray lanza dardos al centro de una diana entre frase y melodía que va recitando, Kelly no le rinde el menor caso pues su mirada está puesta en Fozzie, el guitarrista y amigo de ambos (dardos y jazz, no se me ocurre una mejor combinación de estilos tan alejados que definan vidas). Todo cambiará cuando, tras mantener rezos a Dios suplicando la atención de su amor, Ray reciba en una pequeña caja dardos como caídos del cielo que provocarán un efecto enamoradizo en toda persona que sea pinchada.

        Un corto con una estética fresca, que aunque por ahora solo hayamos podido disfrutarlo en Canal Plus, seguro que su reciente éxito lo llevará a futuras promociones y emisiones en España. Decía, que su historia desenfadada se entremezcla perfectamente con el blanco y negro, un cortometraje que habla de la amistad y de la condición, o no, altruista del ser humano.

         Os dejo a continuación los primeros minutos del mismo, a la espera de su distribución comercial.



El americano, sobriedad en acción



 
SINOPSIS

        Jack (George Clooney, Syriana -2005-, Up in the air -2009-) es un solitario asesino a sueldo que tras una misión fallida en Suecia comunica a su contacto que desea realizar su último trabajo. Para ello, deberá refugiarse en un pueblo italiano donde le acecharán miedos internos y peligros del exterior.


CRÍTICA

        Hay temáticas cuyo tope hace años que parece establecido, o eso es lo que se han encargado de hacernos creer. Otra vez la misma historia, esto ya me suena de muchas ocasiones, solemos pensar, agotados, como en mi caso, y renunciando a ver cine de acción por esa falta de honestidad que demuestra la industria cinematográfica al ofrecernos siempre el mismo producto, en buena parte de esa oferta productos ridículos. No es el caso de El americano (-2010-), una película con tintes clásicos que a pesar de tener un argumento convencional, asesino a sueldo que busca redención incluido, logra transformarlo en cine adulto, demostrando la trascendencia que supone la forma de contar una historia. Siempre es la forma.

        El actor norteamericano interpreta a un asesino a sueldo, de personalidad parca y contenida, que vive su última etapa en el oficio y que decide junto a su superior tomarse un respiro y retirarse a un coqueto pueblo de Italia, Castel del Monte, donde realizará un trabajo para una compañera de profesión: la creación de un arma a medida. Allí principalmente se relacionará con la mujer a la que irá destinada su última misión (Thekla Reuten, Quiero ser famosa -2000-), con el cura del pueblo, el padre Benedetto (Paolo Bonacelli, Misión Imposible III -2006-), y una prostituta, interpretada por la cantante y actriz italiana Violante Placido. Durante su estancia en el pueblo sufrirá un proceso de reflexión y descubrimiento que lo modificarán paulatinamente, percibiendo detalles del exterior que le harán plantearse la viabilidad de su modo de vida. Hace tiempo que este actor dejó a un lado sus interpretaciones basadas en muecas que insinuaban semi sonrisas y pasó a ser un actor y director comprometido, arriesgando en muchas de sus obras y reconocido como un emblema y valor seguro del cine de nuestra era. Ojo, hablar de Clooney es cosa seria.

       Ya desde el mismo comienzo del film comprobamos lo que veremos (o no) hasta el final. Una primera escena de planos abiertos donde el ritmo es sosegado, nos enseña en la tenue iluminación de un ambiente alpino una pareja que comparte tiempo ocioso, la cual será interrumpida por el primer giro que conlleva al nudo de la película.

        Anton Corbijn, el director de la misma, no busca emitir imágenes con fuego y balas o escenas de explosiones y accidentes, que las hay, de una manera trivial, todo tiene su por qué y su forma, insisto, de contar algo. Porque no se entendería el drama interno que aborda progresivamente el protagonista, con la ayuda del entorno y personajes que le erosionan, sin una dirección elegante, pausada y sobria, en la que se nota la amplia experiencia atesorada por Corbijn, conocido por sus trabajos como fotógrafo en las revistas Vogue y Rolling Stone y como director de videoclips de numerosos grupos, como U2 (One -1992-, Electrical Storm -2002-), Coldplay (Viva la vida -2008-), Nirvana (Heart-Shaped Box -1993-) o Depeche Mode (Personal Jesus -1989-) entre otros.